Impacto de la Revolución Rusa en América Latina

A 100 años del asalto al Palacio de Invierno

En Chile el gobierno de Juan Luis Sanfuentes, electo presidente de la República por la Coalición,(1) se había beneficiado en sus inicios con las exportaciones a las potencias europeas en guerra. Esa relativa bonanza no duró todo el quinquenio. A fines del mandato de Sanfuentes las tensiones sociales y el paulatino cierre de las salitreras alcanzaron su clímax con la represión desencadenada por el ministro del Interior, Ladislao Errázuriz. Este había inventado una guerra con Perú que lleva su nombre (la “guerra de don Ladislao”). El clima de histeria belicista que se desencadenó, costó la vida al poeta anarquista Domingo Gómez Rojas. En esos años llegaron a Chile ecos del otro lado del globo, donde los “maximalistas bolcheviques” intentaban forjar un mundo diferente.

EL PROLETARIADO EN AMERICA LATINA
A inicios del siglo XX el proletariado chileno alcanzaba a más de 250.000 obreros, según el historiador Hernán Ramírez Necochea. Ocurría lo mismo en otros países latinoamericanos donde ya existían organizaciones y partidos socialistas. El proletariado urbano ascendía en América Latina, a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, a 800 mil trabajadores. Si se agregaban los trabajadores agrícolas, del transporte y servicios públicos, la cifra alcanzaba los dos millones. En Argentina estaba la mayor concentración de proletarios y el flujo de emigrantes europeos no cesaba. En Buenos Aires, hacia 1910, el 60% de su población estaba constituida por inmigrantes. Algo parecido ocurría en Brasil, donde la esclavitud fue abolida solo en 1888, lo que favoreció el desarrollo de las fuerzas productivas “necesario para la constitución del proletariado moderno”.(2) Federico Engels había señalado en 1872 que “sería absurdo que los esclavos de Cuba o Brasil pudieran convertirse de repente en trabajadores organizados. Antes de que puedan emanciparse deben hacerse primero trabajadores libres”.(3) En México, el movimiento obrero estaba influido por el anarquismo y el anarcosindicalismo, al que contribuyeron emigrantes españoles. La masa fundamental de obreros se encontraba en Argentina, Brasil, México, Chile, y en menor medida, en Uruguay.

SURGE EL IDEARIO SOCIALISTA
El impacto de la revolución rusa encontró gran eco en nuestros países, más aún cuando diversas corrientes y partidos socialistas habían surgido difundiendo ese ideario -así como el anarquismo y el anarcosindicalismo- en sociedades obreras, mutuales y sociedades de resistencia.
En Argentina, que congregaba círculos de emigrantes socialistas (alemanes, franceses e italianos), Juan B. Justo había traducido el libro I de El Capital de Karl Marx. El Partido Obrero Socialista de Argentina se fundó en 1896. En 1900 tomó el nombre de Partido Socialista Argentino, al que apoyaron prestigiosos intelectuales de América Latina como Leopoldo Lugones, José Ingenieros y Rubén Darío. En 1904 fue elegido el primer diputado socialista: Alfredo Palacios. El PSA intervino en casi todos los congresos de la II Internacional y la noticia de la toma del Palacio de Invierno en Petrogrado encontró en Argentina terreno propicio y gran resonancia. En 1918 se fundó el Partido Comunista en ese país.
México, entretanto, convulsionado por su revolución durante la segunda década del siglo XX, estableció muy pronto relaciones de Estado con el naciente poder bolchevique. La revolución rusa influyó no solo en grupos socialistas y anarquistas mexicanos, sino también en sectores demócratas liberales que no olvidaban el despojo de que habían sido víctimas por EE.UU., que había engullido la mitad del territorio mexicano. El reconocimiento de la URSS luego de su proclamación en 1922, ocurrió en 1924, siendo Alejandra Kollontai la primera embajadora soviética en México.
Chile por su parte estableció relaciones con la URSS en 1944, pero fueron interrumpidas en 1948, en plena guerra fría y en el marco de la ilegalización del PC chileno. El presidente Eduardo Frei Montalva las reanudaría en 1964, pero la dictadura militar las interrumpió en 1973.
Argentina había establecido relaciones con Rusia en 1885 pero el presidente Hipólito Yrigoyen las interrumpió de hecho al no reconocer al poder soviético. Perón las reanudaría en 1946.
Brasil fue el primer país de América Latina que estableció relaciones con Rusia, en 1828. Luego hubo el rompimiento en 1917 con el régimen bolchevique. Se reanudaron en 1945 y ocurrió una nueva ruptura en 1947. Finalmente se restablecieron en 1961.

LA FUERZA NACE DESDE ABAJO
Los vaivenes de las relaciones entre gobiernos no fue óbice para que partidos y sindicatos saludaran tempranamente el cañonazo rebelde disparado en Rusia, que tenía explícitamente, según los bolcheviques, un alcance universal.
En Brasil, diversos autores, Severio Fontes, Euclides da Cunha y otros, difundían el ideario socialista. En ese país la afluencia de emigrados alemanes, italianos y españoles ayudó a la difusión del marxismo, el anarquismo y el anarcosindicalismo. El Partido Obrero Socialista brasileño se fundó en Río de Janeiro en 1892 y estableció relaciones con la II Internacional. El POS organizó huelgas utilizando su creciente fuerza sindical y por la vía de sociedades de resistencia. A. Pereira escribe en Silverio Fontes, pionero del marxismo en Brasil (1962) que “el auge del movimiento obrero y la propagación de las ideas socialistas alarmaron a la oligarquía, que utilizó el chovinismo e impuso una ley que permitía deportar a los ‘extranjeros indeseables’”.
El Partido Comunista Brasileño fue fundado en 1922 y tendría una participación de primer orden en la vida política del país. Astrojildo Pereira y Octavio Brandao fueron sus principales dirigentes. En 1918, Pereira había participado en una abortada tentativa insurreccional anarquista, cuyo ejemplo fue la revolución rusa. En junio de ese año, un grupo de militares se sublevó en el Fuerte de Copacabana y días después, el PCB conoció la primera de sus numerosas ilegalizaciones. Dos años más tarde, el capitán Luis Carlos Prestes sublevó guarniciones militares en el sur del país constituyendo “la columna gaucha”. El PCB inició diversas tentativas revolucionarias y Prestes comenzará en 1925 la “larga marcha” que duró dos años. En 1935, el PCB -que participaba en la Alianza Nacional Libertadora-, intentó, ayudado por la Internacional Comunista, una insurrección que fracasó.

LA REVOLUCION NO ESPERA AL PROLETARIADO
Los protagonistas de las luchas revolucionarias en América Latina no esperaron la constitución del “proletariado moderno”. Desde mucho antes, en países donde el peso específico de la clase obrera no era determinante, otros sectores encabezaron las luchas sociales. Es así como en la segunda década del siglo XX, entre 1910 y 1917, en Colombia, el cacique Manuel Quentin Lame encabezó una revuelta para refundar la República Indígena de Chiquitos. Esta tentativa, sofocada por el ejército, influiría diez años después en la Guerra de los Mil Días (1899-1902), que sumió a Colombia en un estallido de violencia. Un lugarteniente de Quentin Lame, José Gonzalo Sánchez, sería uno de los fundadores del PCC en 1930, y encabezó numerosas luchas campesinas e indígenas, organizando ligas agrarias en un país donde, de acuerdo al esquema marxista, el “proletariado moderno” no tenía peso determinante.
Es significativo que el centro mundial de la revolución desde 1917 haya descubierto tardíamente a América Latina, según la expresión de Bujarin, jefe de la Internacional. En el IV Congreso (1922) estaba inscrita América Latina en el orden del día. En 1925, se creó el Secretariado Suramericano de la Internacional Comunista. Lenin había mencionado en sus escritos sobre el imperialismo a algunos como “países formalmente independientes”. En esto seguía fielmente la visión de Marx y Engels, una visión eurocéntrica de la historia tributaria de Hegel cuando éste nos mencionaba como “pueblos sin historia”.
Este aspecto lo han subrayado varios autores que señalan las particulares características de las formaciones sociales latinoamericanas. El caso de Perú es decidor.
La figura de José Carlos Mariátegui es inseparable de lo que se ha llamado la “reflexión propia” sobre las particulares condiciones de la revolución en América Latina, sin copiar ni calcar modelos extranjeros, queriendo mantener un análisis singular de la realidad. Integraba -luego de un análisis exhaustivo de la realidad peruana-(4) al campesinado y a los pueblos andinos. Mariátegui con Julio Portocarrero y otros, fundó en 1928 el Partido Socialista Peruano, que en 1930 pasaría a llamarse Partido Comunista Peruano.
En Cuba, diversos movimientos y partidos socialistas aparecieron a comienzos del siglo XX. En 1925 fue fundado el PCC por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella. En 1944 pasaría a llamarse Partido Socialista Popular fusionándose en la década de los 60 con otros movimientos revolucionarios, como el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario, que convergieron en el Partido Unico de la Revolución Socialista de Cuba, predecesor del PCC, fundado en 1965. El PCC se considera heredero del Partido Revolucionario Cubano creado en 1892 por José Martí. En Cuba, a pesar de no contar con un numeroso destacamento de obreros fabriles urbanos, existían miles de obreros agrícolas. El impacto de la revolución rusa llegó rápidamente a los sectores urbanos, pero también a las concentraciones de trabajadores de la caña de azúcar.
El Partido Obrero Socialista de Chile se fundó en 1912. Diez años después se convertirá en el PC. En 1917 el POS solidarizó con la revolución rusa. En artículos escritos en Buenos Aires, Recabarren aplaudió sin reservas la política de paz del nuevo gobierno ruso y después entregó su voto de adhesión a los maximalistas rusos. Desde Iquique saludó a “la primera República Socialista del mundo” y exhortó a los trabajadores chilenos a apoyarla. Otro dirigente del POS, Luis Víctor Cruz, defendió la revolución rusa desde las páginas de El Despertar de los Trabajadores. “Los socialistas chilenos adhirieron a la revolución rusa porque vieron en ella la aplicación de sus propios principios, anhelos e ideales(...) y porque permitía legitimar sus propias luchas y parecía contener el germen de un proceso que desembocaría en la liberación de los explotados del mundo entero”(5).
A cien años de este profundo corte en la historia mundial, que transformó en profundidad las relaciones entre clases y Estados y que fue capaz de coadyuvar a la liberación de pueblos colonizados, es preciso señalar que, con su cortejo de triunfos y desastres, la revolución rusa desbrozó un camino que durante setenta años fue recorrido por millones de hombres en todos los rincones del planeta. Este “corto siglo de setenta años” influyó de manera sustancial, no solo en aquellos que expresaron disposición favorable hacia ella, sino también en aquellos que la combatieron. Como ocurre con otras experiencias históricas, el cañonazo a la historia que inició la revolución rusa hace cien años, si bien ha perdido su fuerza propulsora, continúa resonando en millones de oídos receptivos.

PACO PEÑA
En París

Notas:
(1) Coalición: formada luego de la guerra civil de 1891, contrincante de la Alianza Liberal. La Coalición la constituía esencialmente el Partido Conservador, pero en el curso de la República Parlamentaria participaron también los partidos Liberal y Liberal Democrático o Balmacedista, por la necesidad de contar con mayoría en el Parlamento.
(2) En Cuba la esclavitud había sido abolida en 1868. Los esclavos se empleaban sobre todo en las plantaciones de caña y centrales azucareras.
(3) Actas I Internacional 1871-1872, página 159.
(4) Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicado en 1928. Abarcan la evolución económica de Perú, el problema indígena, la cuestión de la tierra, la instrucción pública, la religión, regionalismo y centralismo y una visión crítica de la literatura nacional.
(5) Sergio Grez, Historia del comunismo en Chile, LOM, página 156.

(Publicado en“Punto Final”, edición Nº 888, 10 de noviembre 2017).