Así se gestó la Revolución Rusa I

 

(Primera parte)

 

Habían transcurrido doce años del “domingo rojo” de 1905 en Petrogrado y de la derrota del ejército imperial ruso ante Japón en Port Arthur(1); y a doce años de las tímidas reformas que el zar aceptó ante el descontento de los sectores populares y franjas de la burguesía liberal, sobrevino el proceso revolucionario que culminaría en 1917.

Lenin, que desde 1906 estaba exiliado, habló ante un grupo de jóvenes socialistas en Zurich. Lenin llamaba desde 1914 a la transformación de la guerra imperialista en una guerra civil contra los gobiernos de los países beligerantes. En su exilio había polemizado con sus propios compañeros de infortunio y connotados dirigentes socialistas como Mártov y Pléjanov, y atacado virulentamente a Max Weber(2).

Lo que dividía a los socialistas europeos era la actitud ante la guerra. La Segunda Internacional había mostrado sus límites y la Conferencia de Zimmerwald intentó alcanzar una posición común, sin lograrlo. El debate era, según la jerga de entonces, la fisura entre “socialchovinistas”, partidarios de la defensa de sus países y los “internacionalistas” que con Lenin planteaban transformar la guerra de rapiña en un combate contra los gobiernos imperialistas.

El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Posdr), fundado en 1898, se había escindido en el II Congreso de 1903 en Bruselas (mencheviques y bolcheviques). En 1912 Lenin había reunido en Praga algunos de sus partidarios fundando el Posdr (bolchevique). Era una manera de romper definitivamente con los llamados “minoritarios”. Las ácidas polémicas de exiliados lo llevaron a atacar con vehemencia a algunos de sus propios compañeros como Kámenev y Zinoviev(3) e incluso a Trostki, a quien reprochó haber participado en la redacción de la declaración de Zimmerwald, tildándolo de “rufián y canalla”. Pero al año siguiente se reconciliarían al calor de los acontecimientos revolucionarios acaecidos desde febrero de 1917.

 

LOS BOLCHEVIQUES EN ACCION

Los bolcheviques entonces no eran muy numerosos y Lenin ante su auditorio de jóvenes socialistas suizos afirmó que los jóvenes verían el triunfo de la revolución y no él, un “viejo” (a la sazón tenía 47 años). Se equivocó porque semanas más tarde el zar Nicolás II abdicó ante las manifestaciones de febrero de 1917(4).

 Ese año Lenin regresó a Rusia con algunos compañeros atravesando territorio enemigo, debidamente autorizado por el consulado alemán en Berna, en el famoso “vagón blindado”. Durante el viaje Lenin terminó de redactar sus Tesis de abril. Luego de la victoria y consolidación de la revolución, Lenin ejercería el poder por poco tiempo. Desde el verano de 1921 tuvo serios problemas de salud y en 1922 sufrió varios ataques cerebrales. Desde marzo de 1923 estuvo muy disminuido física e intelectualmente hasta su muerte, en enero de 1924.

La posición de Lenin en el proceso revolucionario ruso no obvia que parte de lo que hizo o dijo, o de las decisiones que tomó, ha quedado en las sombras o ha sido modificado por sus “ejecutores testamentarios”. Las Obras Completas editadas en París entre 1958 y 1976, dan cuenta de este hecho. En ellas muchas veces se da con el mocho del hacha a quienes -militantes del PC(b)- se opusieron a algunas de sus decisiones, particularmente a Trotski. La edición a la que hacemos referencia fue realizada por especialistas y traductores del PC francés, bajo la dirección de Roger Garaudy.

 

EL MOTOR DE LA REVOLUCION

Sin embargo, en abril de 1917, al regresar a Rusia y a pesar de la debilidad del partido bolchevique, Lenin fue capaz de transformar un pequeño partido revolucionario en el motor e intérprete del sentir de la población rusa. La mayoría aspiraba a poner fin a la guerra, lo que concordaba con la estrategia alemana de firmar la paz con el zar para no seguir combatiendo en dos grandes frentes, sobre todo, ante la perspectiva de la entrada en guerra de EE.UU.(5).

La decisión de Lenin de atravesar el territorio enemigo en un tren que gozaba del privilegio de extraterritorialidad otorgado por Alemania, le traería serios problemas. Sus enemigos no vacilaron en acusarlo de “connivencia con el enemigo”.

Desde abril de 1917, el gobierno provisorio en Rusia estaba dirigido por el príncipe Gueorgui Lvov(6). El poderoso movimiento de masas y los consejos (soviets) de obreros, soldados y campesinos, además de los liberales, habían logrado derrocar al zar terminando con la dinastía de los Romanov. Uno de estos consejos, el de Petrogrado, adquirió una gran influencia estableciendo de hecho una dualidad de poder con el gobierno provisorio. Este gobierno estaba influido por el partido Demócrata Constitucional (kadete) y otros que representan a la gran burguesía. Esta quería continuar la guerra y reclamaba un gobierno de “orden”, que pusiera fin a las ocupaciones de tierras, fábricas, edificios públicos y a las masivas deserciones de soldados que incrementaban la masa de descontentos en las ciudades y los campos. El gobierno contemporizaba buscando respetar los compromisos con las potencias occidentales (Gran Bretaña y Francia) en orden a continuar la guerra contra el Reich alemán. Esto excluía una paz por separado e intentaba dominar una situación interna cada vez más incontrolable. Sectores radicalizados de soldados, obreros y campesinos, entre ellos los bolcheviques, querían ir más allá en el proceso de democratización de la sociedad: poner fin a la guerra, cambiar el sistema de propiedad de la tierra y garantizar el sustento de la población.

 

PRIMER CONGRESO

DE LOS SOVIETS

En este clima se organizó el Primer Congreso Panruso de los Consejos (soviets), el 3 de junio en Petrogrado, que reunió a 800 delegados de toda Rusia. En teoría habían sido elegidos por veinte millones de personas, entre los cuales se contaban 5 millones de obreros, 8 millones de soldados y 4 millones de campesinos. En octubre de ese año, luego de la toma del poder por los bolcheviques, los representantes al II Congreso de los Soviets serían 1.500. En el Primer Congreso los representantes mayoritarios eran los socialistas mencheviques (248), los bolcheviques tenían 105 delegados y los socialistas de diversos grupos 160. Los “moderados” eran mayoritarios. Sin embargo, en la base, en los consejos y las grandes ciudades (Petrogrado, Moscú, Bakú) las opiniones eran diferentes. Los bolcheviques consideraban que el peligro provenía de la derecha contrarrevolucionaria representada por el alto mando de las FF.AA, la jerarquía de la Iglesia Ortodoxa y la gran burguesía.

Durante los debates del Primer Congreso, Lenin refutó al menchevique Tsereteli que afirmaba que en la situación caótica existente, ningún partido estaba en condiciones de tomar el poder. “Dicho partido existe, el nuestro -replicó Lenin- y estamos dispuestos a ello”, provocando hilaridad entre los delegados. Algunos plantearon qué clase de democracia era la que propugnaba Lenin quien quería tomar el poder con solo 105 representantes de 800 delegados. Lenin replicó que si el partido bolchevique estuviera en el poder arrestaría a los propietarios de grandes fortunas. Kerenski(7), socialista populista moderado que fungía como ministro de Defensa en el gobierno provisorio (reemplazaría al príncipe Lvov en julio, luego de la tentativa insurreccional de los sectores radicalizados, entre los cuales se encontraban los bolcheviques), atacó a Lenin en los siguientes términos: “Estas son palabras que revelan infantilismo. Sabemos que el capitalismo es internacional y que apresar a algunas decenas de millonarios no cambiará nada…Queremos guardar intactas las conquistas de la revolución (de 1905) para que personas como Lenin puedan expresarse aquí sin tener que huir otra vez al extranjero”.

 

INSURRECCION

FRACASADA

Los bolcheviques intensificaron la movilización y prepararon una gran manifestación para el 18 de junio. Pero sobre todo, temían el resurgimiento del militarismo contrarrevolucionario del general Kornilov y del almirante Koltchak. Los mandos de las FF.AA. estaban cada vez más inquietos: las deserciones de los soldados, la pérdida de cohesión en las filas y del respeto a la autoridad militar, campeaba entre los soldados. Estos habían llegado a aplicar en los regimientos medidas como la elección de sus oficiales, además de la activa participación en los comités militares, amén de la confraternización con el enemigo en el frente de batalla, que dificultaba la ofensiva prometida por Rusia a las potencias occidentales. Los bolcheviques exigían hacer públicos los compromisos secretos con dichas potencias. Kerenski se dirigió entonces a los soldados amotinados en el frente suroeste: “Supisteis disparar contra vuestros hermanos cuando os lo ordenaba la autocracia zarista, pero ahora sois reticentes a hacerlo cuando se trata del enemigo teutón que invade nuestra patria”.

La ofensiva rusa prometida a las potencias occidentales fue un fracaso y en julio provocó revueltas, motines, violencia y levantamientos. Las barriadas obreras de Petrogrado, Moscú y Bakú, además de Kronstadt(8) estaban en ebullición. En el mismo momento, en Ucrania se proclamó una “república autónoma”. Los ministros del Partido Demócrata Constitucional renunciaron al enterarse que el gobierno provisorio había firmado un acuerdo con el Parlamento ucraniano de Kiev. El caos se había instalado y los anarquistas rusos y sectores radicalizados de los propios bolcheviques, jugaban un importante papel en las movilizaciones. La dirección bolchevique estaba dividida. Unos se oponían a la insurrección (Kámenev, Zinoviev y Lenin) que la consideraban “prematura”, a pesar que las consignas “Paz, pan y tierra” y “Todo el poder a los consejos” ganaban cada vez más adeptos. La dirección bolchevique fue acusada de “ultraizquierdismo” en junio y de “desviación derechista” en julio, mes en que tienen lugar enfrentamientos armados con las fuerzas leales al gobierno, dejando más de cuarenta muertos y decenas de heridos.

 

LENIN A LA CLANDESTINIDAD

El fracaso de la insurrección fue aprovechado por el gobierno para lanzar una ola de represión contra los bolcheviques y sus aliados, acusando a Lenin de ser un agente alemán. La burda acusación causó sin embargo cierto descrédito a los bolcheviques. Las detenciones de sus dirigentes se multiplicaron, entre ellos Kámenev y Zinoviev. Lenin, disfrazado, logra eludir el cerco y se refugia en Finlandia. Desde allí observa el desarrollo de los acontecimientos e ingresará nuevamente a Rusia. Volverá a Finlandia jugando al gato y al ratón con la policía. En una de esas ocasiones, fingiendo ser un ferrocarrilero, ayudó a alimentar la caldera de una locomotora. Más tarde diría: “Las revoluciones son las locomotoras de la historia”, que seguramente motivará después su consigna: “Debemos lanzar la locomotora a toda máquina”. El 17 de septiembre regresa a Rusia y se instala en los alrededores de Petrogrado en vísperas de la revolución.

El príncipe Lvov había entregado en julio la dirección del gobierno provisorio a Kerenski, quien aparece -aunque por poco tiempo- como el vencedor en estos turbulentos meses.

(Continuará)

 

PACO PEÑA

 

Notas:

(1) Guerra ruso-japonesa (1904-1905).

(2) Lenin polemizó sobre la concepción del partido revolucionario con Rosa Luxemburgo, quien le reprochó su severa disciplina. Los opositores a Lenin en el partido bolchevique lo llamaban Robespierre. Asimismo polemizó con Pléjanov y Vera Zasúlich, que consideraban que Rusia tenía derecho a defenderse de Alemania. También atacó a Max Weber por sus opiniones negativas sobre la revolución de 1905, calificándolo de “poltrón”.

(3) Serguei Kámenev (1883-1936), ejecutado durante las “purgas” en Moscú. Gregorio Zinoviev (1883-1936), fusilado también ese año.

(4) El calendario en vigor en la Rusia zarista era el calendario juliano y el 23 de febrero correspondía al 8 de marzo del calendario gregoriano. Los bolcheviques modificarían el calendario en 1918, adoptando el gregoriano.

(5) EE.UU. entró en la guerra el 6 de abril de 1917.

(6) Gueorgui Lvov (1861-1925) aristócrata ruso, dirigió el gobierno provisorio.

(7) Alejandro Kerenski (1881-1970), socialista revolucionario, asumió como primer ministro luego del intento de insurrección de julio. En septiembre instauró la República Rusa. Estuvo exiliado en Francia y EE.UU. donde falleció.

(8) La misma localidad en que tuvo lugar en 1921 el amotinamiento de los marineros, reprimido por los bolcheviques.

 

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 883, 1º de septiembre 2017.

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